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Los grandes lugares franciscanos para peregrinar en el Año Jubilar 2026

  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

En nuestro artículo anterior hablábamos del significado del Año Jubilar Franciscano 2026 y de Asís, recorriendo lugares como la Basílica de San Francisco, la Porciúncula, San Damián o Rivotorto como corazón espiritual de toda peregrinación franciscana. Sin embargo, el carisma franciscano no se limita únicamente a Asís. El jubileo es una ocasión privilegiada para descubrir que la huella de San Francisco se extendió mucho más allá de su ciudad natal y que existen otros lugares profundamente significativos que enriquecen cualquier peregrinación franciscana.


San Francisco de Asís

El Año Jubilar ofrece una oportunidad excepcional para recorrer un auténtico itinerario franciscano, un camino que va más allá y que permite comprender la expansión histórica y espiritual de su carisma.


El Monte Subasio y el Eremo delle Carceri: el silencio que transforma

A pocos kilómetros de Asís, en las laderas del Monte Subasio, se encuentra el Eremo delle Carceri, un lugar de retiro donde San Francisco se retiraba para orar en soledad.


No es un santuario monumental, sino un espacio sencillo, recogido y profundamente contemplativo. Aquí se comprende una dimensión esencial del franciscanismo: antes de predicar, antes de fundar, antes de organizar, Francisco oraba. El silencio del eremitorio permite al peregrino entrar en esa misma dinámica interior, especialmente significativa durante un Año Jubilar, tiempo de conversión y recogimiento.


El Valle Santo de Rieti: los lugares del discernimiento

Más allá de Umbría, el llamado Valle Santo de Rieti conserva cuatro santuarios estrechamente vinculados a la vida de San Francisco. En estos lugares se percibe una etapa distinta de su camino espiritual:


En Greccio, el santo quiso contemplar el misterio de la Encarnación recreando el nacimiento de Jesús en un pesebre. Allí nació la tradición del belén, pero sobre todo se manifestó su profunda devoción por la humanidad de Cristo.


En Fonte Colombo, Francisco trabajó en la redacción de la Regla, dando forma estable a la fraternidad que había comenzado de manera casi espontánea. Es un lugar que habla de discernimiento, obediencia y comunión con la Iglesia.


En Poggio Bustone, experimentó una profunda certeza del perdón de Dios. Y en La Foresta, desarrolló una intensa actividad pastoral.


Estos santuarios permiten comprender que el franciscanismo no fue solo entusiasmo inicial, sino también maduración espiritual y fidelidad.


La Verna: la configuración con Cristo

En la Toscana, el Santuario de La Verna ocupa un lugar central en la espiritualidad franciscana. Fue aquí donde, en 1224, San Francisco recibió los estigmas, signo visible de su profunda identificación con Cristo crucificado.


La Verna no es solo un destino histórico; es un lugar de intensa experiencia espiritual. La naturaleza, el silencio y la sobriedad del santuario invitan a contemplar la dimensión más mística del santo. En el contexto del Año Jubilar Franciscano, este lugar adquiere un significado especial, al recordar que toda auténtica conversión culmina en la unión con Cristo.


Roma y la dimensión eclesial

Aunque Francisco amó profundamente la pobreza y la sencillez, nunca se apartó de la Iglesia. En Roma presentó su Regla y buscó siempre la aprobación del Papa.


Incorporar la dimensión romana en una peregrinación franciscana permite comprender que el carisma del Poverello no fue un movimiento aislado, sino plenamente eclesial. El Año Jubilar se vive así en comunión con la Iglesia universal.


Más allá de Italia: la expansión del carisma franciscano

El mensaje de San Francisco cruzó fronteras muy pronto. El Año Jubilar 2026 también es una ocasión para recordar que el espíritu franciscano se encarnó en muchos lugares del mundo:


En Tierra Santa, los franciscanos custodian desde hace siglos los Santos Lugares, asegurando la presencia cristiana en Jerusalén, Belén o Nazaret.


En España, la presencia franciscana ha sido decisiva en la historia espiritual y cultural. Conventos históricos, santuarios marianos vinculados a la orden y lugares como el Monasterio de La Rábida recuerdan la huella misionera del carisma.


En América Latina, la espiritualidad franciscana marcó la evangelización y dejó un legado vivo en numerosas comunidades.


El Año Jubilar Franciscano es, por tanto, una oportunidad para redescubrir una espiritualidad que no pertenece únicamente a un lugar concreto, sino que se convirtió en patrimonio universal de la Iglesia.ç



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